09 noviembre, 2017

El regreso

Regresamos. Estamos de vuelta en Tijuana, con los nuestros. Y entre lagrimas, me alegro montones. Porque el regreso no ha sido fácil, pero ha sido bueno. Ha estado lleno de personas, de amor, de sorpresas, de alegría, incertidumbre y novedades. No somos los mismos, pero no sabemos cuánto hemos cambiado. La gente a la que amamos nos ama igual y eso nos llena el corazón. Nosotros/yo, valoro todo distinto. Honestamente, aún no sé las implicaciones de nuestra ida y regreso, pero confío que ha sido bueno. Nuestra hija no me deja dudarlo. 

Regresamos para salir de nuevo y viajar. Hemos estado en juntas, con gente nueva y llena de esperanza y nuevos proyectos. Esperanza. Me fui con dolor y desilusión, regresé con esperanza y mucha Luz. Cuánto nos ama Dios... Y ahora, en medio de las mil cosas y la complejidad agregada de una bebé, regreso con tanta fuerza como cuando empecé en la obrería. Queriendo entregar mis mejores años para amar y servir a los estudiantes y obreros. Como me dijo una colega en el último campa: “Dios ama tanto a los estudiantes, él ama a su obra y la protege” (paráfrasis mía). Y me llenó los ojos de lagrimas, porque sí, Dios ama esta obra, y nos ama a nosotros. Nos llama a servirle aquí, para salvarnos. 

Luciana se unió a la locura de sus padres, viajando a campas, visitando a amigos entrañables a quien ella seguramente llamará “tío” o “tía”. Ella ya caminó con papá conversando con estudiantes y se sentó con mamá mientras ella escuchaba y acompañaba los procesos de otros. Este regreso lo guardo en el corazón, porque ha re-confirmado la locura y la esperanza del llamado. Sé que no será sencillo, pero está bien. Oro que la imaginación y creatividad nos acompañen en esta etapa. Si hay algo de lo que estoy segura es que Luciana crecerá muy amada y nosotros nos cansaremos. Y en medio de eso, aprenderemos ritmos saludables para seguir adelante, amando y sirviendo. 

De regreso en Tijuana me sé nuevamente llamada por el Señor a este lugar.  Los últimos dos fines de semanas llenos de estudiantes fueron esa re-confirmación. Fue un privilegio compartir Jeremías. Ese libro y profeta sensible que me acompañaron al inicio del sabático. Compartí de Jeremías, compartí la vida, el descanso, las preguntas, las alegrías y los dolores. Y todo es tan real e intento que al finalizar los campas, nos enfermemos y aún no salimos... nos alcanzó el cambio, los desvelos, las emociones encontradas. Pero también nos alcanzó el Señor. Orando por Luciana ayer por la noche, el Señor me invitó a escribir, a detenerme, a pensar el regreso. Aqui estamos. Regresamos. Estamos regresando. 

14 septiembre, 2017

Nuestra primera cita

Hoy, a tus escasas 7 semanas tuvimos nuestra primera cita tú y yo solas, en un café local, como le gusta a mamá. Tú la pasaste dormida en mi pecho, dentro del fular morado que tanto te gusta. Mientras comía el scone y tomaba café pensaba en todo lo que ha pasado este año en Vancouver y en tí y tu llegada. Estamos a solo 2 semanas de mudarnos de regreso a Tijuana y hay tanto que agradecer, hija. Me conmueve pensar lo bueno que ha sido Dios con nuestra familia estos últimos 13 meses. Hemos visto su mano de cuidado, amor y provisión de formas inimaginadas. Tú eres fruto de esto y te llevamos como el mejor recuerdo de nuestro sabático.


Estamos por regresar a nuestra amada Tijuana, la caótica, dolida y colorida ciudad que vio crecer a tus papás. Esperamos que la aprendas a querer como nosotros. Me emociona tanto que conozcas a toda la gente que te ama y aún no conoces y estoy ansiosa porque los nuestros te conozcan. Nuestra vida en Tijuana ya nunca más será igual, contigo a nuestro lado, pero queremos hacer lo mejor posible para que te sientas parte de lo que hacen papá y mamá. Viajarás, pequeña, y en cada viaje queremos hacer algo contigo, darnos una escapada en medio del trabajo, y ayudarte a apreciar otros mundos. Queremos aprender, junto contigo, a descubrir nuevas posibilidades y mirar con ojos nuevos. Tijuana es diferente a Vancouver, pero regresaremos a la ciudad que te vio nacer, ya verás, y regresaremos a ese café que visité hoy contigo.
Eres tan pequeña, y aún seguimos conociéndote. Voy aprendiendo tus gestos y llanto. En tu fragilidad, yo siento mi propia vulnerabilidad. Tu llegada me ha hecho tanto bien y Dios con su sentido del humor me enseña que nada de lo que aprendí este año en la maestría me “sirve” para tu crianza. Sin embargo, en este año también aprehendí más sobre Su amor y gracia y eso es algo que oro para que tú conozcas de cerca, por medio de nosotros y la comunidad que te rodeará. Deseamos criarte con la ternura, paciencia y gracia que hemos aprendido de Dios… y pedimos a Dios que nos ayude.


Tu papá y  yo estamos en el “tour del adiós”, como le llamamos con humor y tú nos estás acompañando a visitar esos lugares y revivir algunos momentos del sabático. Es tan diferente andar la vida contigo. Por las mañanas, desde hace unas 4 semanas, esperamos a que duermas tu siesta y mientras tomamos café, leemos Jeremías y nos preparamos para exponer en los campamentos de Monterrey y de Baja California. Ya no tenemos horas para estudiar, leer y escribir, pero tratamos de exprimir al máximo esa hora diaria para escuchar al Señor. La vida es tan distinta, y seguirá cambiando. Nosotros seguiremos siendo estirados para amar mejor y dependiendo más de Dios para las cosas sencillas. Tú, sin saberlo, nos vas enseñando… y nosotros estamos ávidos para aprender y aprenderte. Ay hija, no tenemos idea de lo que será la vida de regreso a México contigo, pero hay mucho esperanza y expectativa en el corazón. Por el momento, oramos porque seas una bebé viajera para que disfrutes andar con tus papás “pata de perro” los siguientes meses y años. 

04 septiembre, 2017

El embarazo y el parto -mi experiencia, las prácticas y políticas y la espiritualidad del alumbramiento-

Una gran parte del sabático la pasé embarazada. Fue un lindo regalo de gracia, vida, amor y de espera en Dios. El embarazo en general fue “fácil”. Lo más difícil fueron las náuseas de las 6  a las 12 semanas, pero gracias a un medicamento seguro todo se hizo más llevadero. En esas semanas viajamos con amigos a Estados Unidos e hicimos caminatas en la nieve sin problema. En el segundo trimestre, Luciana viajó conmigo a una junta de trabajo a Alemania (la única durante el sabático) y a otra escapadita de papá y mamá al “otro lado del charco”. En dos ocasiones Luciana me acompañó a predicar. Justo después de saber que esperábamos una niña pude comunicarlo a nuestra iglesia local aquí en Vancouver, anunciando que no estaba predicando yo sola frente a ellos, sino con una niñita dentro de mí. Ese reconocimiento me hizo aún más consciente de ella. Me conmoví al recibir la comunión en Regent cuando una amiga me convidó del pan y el vino diciendo que eran el cuerpo y la sangre de Cristo entregados por nosotras, por nosotras dos… Durante los últimos 6 meses de embarazo nade en la alberca de la universidad al menos 3 veces por semana y fue una de las experiencias más energizantes. Al final del embarazo seguimos sendereando y nadamos en un par de lagos. Lo disfruté muchísimo. Temía no poder dormir el último mes, pero las visitas semanales al quiropráctico (cubierto por el seguro universitario) hicieron las noches más ligeras (y el parto más fácil tal vez). Llevar a Luciana fue un regalo y el sabático fue un tiempo muy especial para ello.

El embarazo lejos de casa no fue siempre fácil. Nuestra familia y amigos no pudieron ver a Luciana crecer dentro de mí, ni sentir sus patadotas, ni tocar mi panza. Tampoco tuve los cariños de mis papás cerca, ni sus cuidados cuando más lo necesitamos. Sin embargo, no me sentí sola. Abdiel y yo aprendimos juntos de cada cambio y nueva etapa. Leímos y hablamos, hablamos e investigamos. Pudimos vivir nuestra propia experiencia y “hacernos bolas” solitos. Tuvimos mucho tiempo para soñar, hablar y pensar cómo hacerle frente a los desafíos. También fuimos bendecidos por un sistema de salud que le apuesta a un embarazo y un parto con las menos intervenciones médicas posibles. Pudimos tener una doula que nos acompañó antes, durante y después del parto. En ningún momento tuvimos que luchar por un parto natural o limitar las intervenciones médicas. Se nos animó a escribir un plan de parto ideal y durante el actual, la enfermera conocía bien todos nuestros deseos y nos los recordó.

En el tiempo de embarazo fui más consciente de las políticas y prácticas alrededor de los embarazos en diferentes culturas y países. Me resultó fascinante. Leí y escuché las experiencias de amigas cercanas y de mujeres desconocidas, lo cual fue muy formativo e informativo en el proceso. Yo tenía algunas ideas sobre lo que quería durante el parto, las platiqué con Abdiel, nuestro doctor familiar y la doula. Di muchas gracias a Dios porque en otros lugares, mis decisiones no hubiesen sido respetadas ni tampoco hubiera recibido la información y preparación para un parto lo “más natural posible”. Incluso, ya nacida Luciana, pude escuchar a mi mamá recordar su experiencia de parto conmigo (revivida al tener a su nieta en brazos) y también a mi suegra contar su propia experiencia de 3 partos naturales. Aprendí mucho. Sigo aprendiendo.

El embarazo no es una enfermedad y no debe ser tratado como tal y el parto es un proceso natural para el cual nuestro cuerpo está preparado. Gracias a Dios la medicina a avanzado lo suficiente evitando la muerte de muchas mujeres con complicaciones durante el alumbramiento y para salvar la vida de los bebés. No obstante, también hay un abuso y una lucha política que se combate con el cuerpo de las mujeres, en nuestros cuerpos. En México, las cesáreas se practican indiscriminadamente y la episiotomía sigue como una práctica en muchos hospitales. A los bebés se les ofrece formula al nacer, muchos papás no pueden estar presentes durante el parto. Los bebés son llevados justo al nacer para que los revisen y los bañen. Mucho de esto se hace en detrimento de la mamá y el bebé, y en contra de las recomendaciones de la OMS y UNICEF. [1][2] En Canadá el sistema no es perfecto, pero fue muy bueno para mi experiencia durante el embarazo y el parto. Se respetaron mis decisiones y cuando pedí que me administraran la epidural (después de 36 horas de labor de parto) me recordaron que mi deseo era no recurrir a la anestesia. Aun así la pedí y gracias a ello pude descansar por una hora y después de ese descanso, tener la fuerza suficiente para sacar a Luciana en muy poco tiempo.

Mi embarazo fue de bajo riesgo. La fuente se rompió y entré en labor de parto 3 horas después. Abdiel y yo cocinamos, caminamos, descansamos lo más posible, tomé un baño caliente y Abdiel contó mis contracciones. Todo esto sucedió en casa, por casi 30 horas. Cuando nos llevaron al hospital, yo ya estaba en 4cm de dilatación. En cuanto nos subieron a nuestro cuarto, entré en la tina y estuve ahí por 3 horas, siendo ayudada por Abdiel, la doula y la enfermera. Resistí y recibí las contracciones. Recordé las palabras de la instructora del curso prenatal, del parto como un duelo. Una muerte a una parte de mí misma, para dar a luz una vida. El paso no fue sin dolor y sufrimiento. Después de 3 horas en la tina me sentía exhausta y ya no podía con el dolor. El recurso de la anestesia fue un regalo, y cómo escribí en líneas anteriores, Luciana nació en menos de 2 horas después de que me administraran la epidural. Ella nació sana y en cuanto salió de mí la colocaron en mi abdomen, dejaron que su cordón dejara de latir y Abdiel lo cortó. Esperamos casi 2 horas para que Luciana escalara hasta mi pecho y comiera por primera vez. En ningún momento la perdí de vista y Abdiel estuvo siempre a nuestro lado. Luciana pasó sus primeras horas en mi pecho y en el de su papá, haciendo contacto piel con piel. Fue muy especial.

La historia después de nuestra salida del hospital (36 horas después del nacimiento de Luciana) es otra historia. Papás primerizos, sin experiencia, con muchas teorías y lecturas, pero poca idea de lo que es un recién nacido… Pero sí, el parto fue un duelo y una celebración. El embarazo fue un proceso, un peregrinaje (del cual he escrito más aquí ) y una invitación a escuchar historias, cuestionar políticas y reflexionar prácticas. Tengo más que decir, que leer, pensar y escuchar… Pero ahora, corro al escuchar que mi hija está despertando, lista para comer…


[1] http://www.who.int/reproductivehealth/publications/maternal_perinatal_health/cs-statement/es/
[2] https://www.ihan.es/

21 agosto, 2017

Lament as an answer to a suffering world

From my experience in mission, one of the bigger gaps I observe in the discipleship of the younger generation of Mexican university students is their incapacity to deal with the pain in their lives, and of course, the suffering that surrounds them. However, they are not entirely to blame, as this reflects the reality of evangelical churches in Mexico, in which doubting, questioning the faith and asking hard questions is not encouraged and sometimes condemned. As Soong-Chan Rah mentions in his book, Prophetic Lament, an important part of this deficiency is connected to a dispensation eschatology which leads to a rejection of current society and does not encourage any engagement with the city and its troubles.[1] The problem with this theology, which has been exported from the United States, is it does not have a holistic understanding of the gospel, reducing salvation to the afterlife. Under this perspective, the effort to live fully under God’s kingdom values and striving to follow Jesus in both the private and public sphere as salt and light is not essential to faith. Discipleship becomes limited and equaled to trying to escape the world and its evils; leading to withdrawal from society.

In my experience, the theology and practice of lament has become an antidote and corrective to various warped theologies and views that we find in Mexican churches. I found lament as a result of my own pain and the desire to connect my faith to all of life. I recognized the need for a theology that was big enough to embrace my personal suffering and pain, as well as that in society, and not try to ignore it, hide from, or provide simplistic answers. However, I had not seen the practice of lament modeled within my church context, and found it difficult to enter it individually. What helped in the process was sharing with close friends in student ministry about my struggles, doubts and questions, and to have people encourage me to be honest with God, to reject easy answers and to dwell in the pain as needed, trusting God was with me. The Psalms guided and taught me more about praying the full range of my emotions to God. Eventually, recognizing my own pain and doubts made it possible to engage more fully with the pain around me, and not be indifferent to the sorrow of Mexican society and my own city, Tijuana.

The practice of lament allows followers of Jesus to keep the tension between suffering and celebration, and to embrace the paradoxes of life. It is not a way to fix the pain and suffering of the world, but an initial step to take part in God’s redemptive work. As part of discipleship, lament should be integral to the Christian life, but it has been forgotten, although Jesus himself modeled it. The Scriptures which deal with people protesting and arguing with God are usually not brought into everyday life applications, or they are applied in a very individualistic manner. The Psalms of Lament, Job or Lamentations are ignored in Church, or poorly studied in connection with people’s realities. As Christians, we have not developed a sensitivity to see the world around us and act in compassion. Besides, the harsh realities of violence, corruption and death in our cities makes people feel impotent and become indifferent. Lament is the resource God gives us to follow him and not shy away from the hard things in life. Discipleship without lament results in a shallow faith and lack of engagement with the world around us.

In my ministry with college students, introducing the practice of lament and helping students recognize their own experience of lament is key to helping them grow in faith, hope and love. As I was encouraged to be honest with myself and God about my doubts and pain, I also encourage that among students and staff. The serious and deep study of Scripture eventually brings to the table the importance of lament and the fact that Christian life needs to embrace suffering, as we follow the Suffering Servant. A commitment to loving God translated into loving the world, means to see what is around us and not shy away from the difficult things. Lament provides a way to see the pain, to mourn and not lose hope in God’s redemption. Inviting others to lament is ultimately an invitation to see the world from God’s perspective. There will come a time when lament will not be necessary, as in the New Heaven and New Earth there will be no more mourning, suffering, nor death. But in the meantime, we are invited to follow Jesus’ example as he also lamented the pain and sin of the world. Let us join the Church in an ancient practice gifted to us as a means of grace to engage with our suffering world!

Art by James B. Janknegt: Man of Sorrows, 1990, depicting Jesus as he wept for Jerusalem


[1] Soong-Chan Rah, Prophetic Lament: A call for justice in troubled times (Downers Grove: IVP, 2005), 36-37. 

10 agosto, 2017

Luciana Erandi y las estaciones del sabático


Otoño
Te sembramos en un otoño de nuestras vidas cuando lo más difícil de percibir eran las semillas regadas que en primavera florecerían. En otoño nos íbamos despojando de cargas, sin saber que también nos preparábamos para tu vida.
En ese otoño los miedos y el dolor contrastaron con la luz brillante de las hojas al caer. No sabíamos que nuestro otoño sería tu inicio, pero esas son las paradojas del camino. En medio de la muerte, brota la vida. 
En mi otoño no entendí mucho, sólo las pérdidas y los fracasos. Tuve que esperar y abrazar las paradojas. Hubo mucho silencio, espera e incertidumbre.

Invierno
El invierno fue frio. Solo la calidez de los amigos, la persistencia del amor de tu papá y el abrazo de Dios me mantuvieron a flote. La estación se hizo larga, pero estuvo llena de belleza. En medio de lo que no se ve, tú seguiste creciendo y nosotros nos detuvimos a ver la nieve en las montañas y los muchos paisajes que el sabático nos regaló.
El invierno también trajo claridad. En medio del descanso y el frío, llegó el enfoque, el ánimo y las ganas renovadas por la vida. Esa ilusión de vivir se renovó, aun cuando los brotes y frutos se veían lejanos. El invierno frío no acabó con nosotros. Dios nos cobijó en esperanza. Nos enseñó a caminar sobre la nieve y a no escondernos del temporal.

Primavera
Luciana, tu primer nombre es una metáfora de cómo nos llegó la primavera. De pronto nos llenamos de luz, los días se alargaron y los árboles florearon de incontables tonalidades de rosa. Los tulipanes aparecieron sólo para llenar de belleza la vida. Esta ciudad se decoró de colores, anunciando un nuevo tiempo para el corazón. No sé cómo sucedió pero la sorpresa de la renovación me cobijó. El tiempo y la mano de Dios hicieron que algo floreciera, algo frágil que aún necesita mucho del cuidado del Jardinero Fiel.
En medio de toda la fragilidad, sorpresa y belleza tú seguiste creciendo y supimos que serías ella. Te hiciste espacio para habitar mi cuerpo. Tus movimientos llenos de vida nos alegraron los días, a los que te sentimos y a los muchos que te aman desde lejos.
Esperamos el amanecer de tu llegada en un día de verano.

Verano
El verano trajo señales de tu pronta llegada. Esperamos con ansía, emoción y un poco/mucho temor tu hermoso amanecer, mi niña amada. Estábamos a semanas o días de tu alumbramiento y la espera se hizo dulce, se llenó de sueños e ilusiones.
Yo he cambiado, fui cambiando. Las estaciones nos han dado la vuelta y el gozo, la esperanza y el anhelo por el futuro del Reino son más intensos que nunca. Tú, Luciana, tienes todo que ver con eso.
El milagro de tu vida y llevarte dentro de mí fue un regalo. Un regalo que me hizo consciente de los muchos otros regalos de este tiempo: los árboles, el sol, las montañas aún nevadas en verano, el mar, el lago donde nadamos, la música de nuestras tierras, las comida de tu papá y los amigos.
Llegaste con previo anuncio pero antes de lo anticipado. Hiciste tu entrada el día que tus tatas celebraban 49 años de compromiso mutuo, como fruto de su amor y del amor de Dios sembrado en nosotros, tus padres y tus abuelos. Llegaste con el amanecer, Erandi, como un hermoso amanecer en una mañana de verano, para alumbrar nuestras vidas y llenarlas de belleza y caos. 

Las estaciones

La promesa de Dios a mi llegada a Vancouver fue que El renovaría mi vida, pero lo haría a su manera y en su tiempo. Yo no sabía que su restauración tendría, en parte, la concepción, crecimiento y la llegada de tu vida, Luciana Erandi. Tampoco sabía que las estaciones enmarcarían este proceso lento, que no termina, pero que dejó bellos frutos... Sigo expectante, de más vueltas al sol y de caminar contigo, con tu papá y con la comunidad que el Señor nos ha rodeado. 



14 junio, 2017

Una carta a mi hija (a la espera de tu llegada)

14  de junio, 2017

Nos preparamos para tu llegada y para regresar a México. Nos emocionan ambas cosas, pero también nos llenan de temores. Tijuana en estos meses que hemos estado lejos ha repuntado como la ciudad con más homicidios en nuestro país y no es desconocido que la violencia en contra de las mujeres y niñas también va en aumento. Tú tito y tus tatas nos cuentan que parece una ciudad sin gobierno. El proyecto multimillonario de transporte fue abandonado, hay más tráfico y el Bordo empieza a habitarse por aquellos que quieren regresar a los Estados Unidos. En el país las cosas tampoco están bien. Soñamos con mostrarte lo hermoso que es y compartir contigo nuestros rincones favoritos. Pero también verás su miseria, su dolor y te dolerá tu país teñido de sangre, corrupción e impunidad. Esperamos enseñarte que esta vida está llena de paradojas y verte reír a carcajadas y alegrar la vida, pero también a llorar y resistir cuando sea necesario. 

Tú, hija, nacerás en Vancouver, Canadá, como un hermoso fruto de gracia de un año en
que tus padres han estado inundados por el amor  y la provisión de Dios. Pero te unirás al llamado de tus padres, el cual está comprometido con México por ahora.  Al igual que yo, un pasaporte azul te abrirá puertas para oportunidades que desconocemos, pero tal vez al igual que a mi te generará crisis al tener que asumir el privilegio que eso implica y cómo lo usarás para servir a otros. Será un gusto caminar contigo esas sendas cuando llegue el tiempo. Ahora no te darás cuenta, pero a pocas semanas de nacida estarás emprendiendo el viaje de regreso a Tijuana, para ser recibida por tus abuelos, tatas, tito, tías y demás familia y amigos que nos esperan. Tu papá y yo estamos ansiosos de regresar contigo, pero también estamos cada vez más conscientes de lo que significa ese regreso contigo en brazos. 

Tu papá y yo hemos bromeado con mucha seriedad nuestra necesidad de explicarte por qué regresamos. Sabemos que la vida no está asegurada en ningún rincón del mundo, ni en países de primer mundo, pero también reconocemos que regresar a México con una niña es arriesgado. Nacer mujer es una marca de vulnerabilidad en todo el mundo y más aún en nuestro país. Y no podemos asegurar que no te pasará nada, aunque haremos todo lo que está de nuestra parte por cuidarte y te confiamos en las manos de Dios quien te ama aún más que nosotros mismos. Con todo esto, nuestro regreso está marcado por la fragilidad de la vida, por la esperanza del Reino y por la confianza en Dios

Hija, pasarán años hasta que puedas leer esta carta y entender lo que digo. En ese tiempo seguro serás amada. Pero has llegado a un mundo en el cual nacer mujer es una desventaja. Ciertamente tendrás privilegios que muchas niñas y mujeres no tienen. Por eso, oro a Dios que desde pequeña te sepas profundamente valiosa y creada a imagen de Dios y que seas una niña-mujer viviendo de tal manera que dignifique a las mujeres que te rodeen. Que veas a las que son invisibles, que ames, abras espacios y sueñes con un mundo mejor. 

Te amo y ya quiero conocerte, 
Alejandra


12 junio, 2017

Las últimas semanas (o meses) del sabático

Tomé la clase más intensa y pesada de la Maestría hace algunas semanas. Justo el lunes pasado presenté el examen final y me fue muy bien, pero sufrí en el proceso. La clase en sí no era lo más difícil, sino el ritmo intensivo de cursar en 3 semanas lo que llevaría todo un semestre para aprender. No estaba muy motivada, pero debía llevar una Lengua Bíblica, así que tomé Griego. Ahora me falta solo cursar 1 crédito, escribir un reporte de lectura, una autobiografía espiritual y presentar un examen comprensivo para terminar la Maestría en noviembre de este año o marzo del siguiente. Si las cosas salen cómo las hemos “medio” planeado, me estaré graduando en abril del 2018, después de casi 5 años de haber comenzado.

En las últimas semanas también hemos comenzado el proceso de decir adiós a nuestros amigos que regresan a sus países después de un año de estudios. Hemos disfrutado de “últimas” cenas, desayunos, fiestas y despedidas. Hay mucho que celebrar y agradecer en un año tan lleno de vida y de personas que nos han marcado de manera tan especial en este sabático. Espero escribir más sobre algunxs de ellxs en próximas publicaciones. Supongo con cierta certeza que estos casi 10 meses en Vancouver nos han cambiado la vida, pero tal vez no sabremos cuánto hasta que regresemos a Tijuana. Las personas que nos rodean, si los dejamos entrar, nos cambian, nos santifican. Nuestrxs amigxs han sido regalos de parte de Dios en este caminar y algo de ellxs se queda en nosotrxs.

El embarazo y la espera ante la llegada de nuestra hija han inundado nuestros últimos meses. Los han
llenado de sorpresa, fascinación, misterio, y de sueños y temores nuevos. La celebración por un año más de vida para mí se vistió de color al enterarnos que tendríamos una niña, y la celebración por su llegada nos ha llenado de oraciones, bendiciones y detalles que han de regresar con nosotros y marcan desde ahora la vida de nuestra hija. Cartas, palabras hermosas, una cobija tejida, una colcha hecho a mano y muchos otros detalles comienzan a llenar nuestra pequeña casa. Nuestras maletas para el regreso no podrán contener todo el amor, la gracia y los regalos que hemos recibido este año.


Abdiel y yo apenas comenzamos a pensar cómo será esta nueva transición de regreso a México. Nos preparamos poco a poco para los cambios. Oramos, nos detenemos, disfrutamos y buscamos confiar. Ha sido intenso, no dejará de serlo. Habremos de recoger, empacar, ver dónde nos llevamos tanto amor, gracia, personas y recuerdos. Sonrió al pensar en cómo el corazón se ensancha y lo seguirá haciendo. Realmente no llevo resultados en mis manos, ni productos finalizados que mostrar como consecuencia del sabático. Pero sí una comprensión de que la transformación en el camino de Dios es profunda, lenta y gradual y requiere paciencia. Y que el sabático se nos dio no por merecerlo, sino como una gracia. Gracia. Gracia. Gracia. Esa me ha inundado las últimas semanas y meses, y creo que toda la vida. 

09 mayo, 2017

Confesiones Tecnológicas

Mis reflexiones sobre los "smartphones" y las redes sociales

Una vez más dejé de escribir en el blog por un tiempo. En parte se debió a mi ausencia de Facebook durante la Cuaresma, y buscar concentrarme más en los estudios y en la vida alrededor mío. Dejar FB no fue tan difícil, aunque me di cuenta de mi profunda dependencia del celular, en el cual “googleo” mil cosas (la mayoría innecesarias). La Cuaresma terminó hace unas semanas y yo volví a FB. No publico mucho, pero me doy cuenta que mi adicción por la información no me nutre. En estas dos semanas de vacaciones y descanso antes de lo que serán mis últimos cursos de la maestría he pasado mucho tiempo en el teléfono. Ese aparato es muy útil, nos conecta con la familia y amigos y me permite estar al tanto de lo que pasa en muchos lugares, pero también parece que esclaviza. De pronto me doy cuenta que puedo pasar horas sin hacer nada en el teléfono. Leo muchos artículos e investigo cosas novedosas pero no parece que algo cambie. Soy tan solo una receptora pasiva de información inútil. Suena fatalista, pero no creo estar tan lejos de lo que es la realidad de muchxs…

Mis reflexiones sobre la tecnología se agudizaron después de una clase en la Maestría, en la que discutimos sobre los beneficios y desventajas de los medios de comunicación y las redes sociales. En esos días estábamos por comenzar la Cuaresma y me pareció un buen tiempo para medir mis propias tendencias y tentaciones en relación a las redes sociales. El abstenerme de FB y limitar mi “googleo” no resolvió el problema, solo me hizo consciente. La verdad es que cambiar hábitos es mucho más difícil de lo que uno imagina o piensa. Me sorprendí a misma cómo después de 40+ días de limitación tecnológica, mi re-adaptación fue casi inmediata. Entonces la pregunta, es ¿Cómo hacerle frente a esto? ¿Cómo pensar teológicamente y sin culpas sobre el uso de los medios de comunicación que muchas veces nos esclavizan?

Parte de mis reflexiones se han nutrido por la experiencia de esperar la llegada de nuestra hija. Abdiel y yo no queremos que ella crezca con papás que viven constantemente atados a su celular, por asuntos de trabajo y entretenimiento. Y tampoco queremos que ella esté expuesta a ese tipo de estimulación. De hecho, queremos que su exposición sea la mínima, pero eso debe comenzar por nuestra experiencia y ejemplo. La necesidad de reflexionar sobre el tema es importante para mí porque casi todos a nuestro alrededor (incluyéndonos) estamos absortos por el celular. De nuevo, mi lectura podría parecer un poco exagerada pero creo que vale la pena enfatizar el riesgo de nuestra dependencia de las redes sociales y de aparatitos que nos tienen 100% conectados…

Por otro lado, uno de los engaños de las redes sociales (sobre todo FB) es la ilusión de convertirnos en activistas por diversas causas (medio ambiente, por los derechos de los niños y las mujeres, contra la injusticia social, etc.) Pero la verdad es que muchas veces quienes pasan más tiempo en las redes son quienes más impotentes se sienten para generar un cambio social. Y honestamente, los cambios sociales no comienzan por las redes. Tal vez pueden nutrirse, pero los verdaderos encuentros, esos que son personales e intensos son los que pueden producir cambios. Con esto no pretendo satanizar las redes sociales, al final de cuentas no creo que me salga completamente de FB ni dejaré de usar whatsapp. Pero necesito seguir cuestionando mis valores y mis prácticas y hacer preguntas que me incomodan…

Tengo algunas ideas de cosas que pueden ayudar, aunque no todas las he practicado o me han funcionado:

  • Compartir con alguien o con un grupo nuestra “relación” con las redes sociales. Sus efectos en nuestra vida, el tiempo que pasamos en el celular o la computadora, la manera en que nos afectan y las tentaciones que nos presentan. 
  • Limitar su uso y ayudarnos de otros para hacerlo, al rendir cuentas y compartir cómo estamos haciéndole frente a las dependencias poco sanas…
  • Tener tiempos, como en la mesa, cuando estamos con otros o en la cama en la cual el celular y la computadora están prohibidas. 
  • Tener siempre a la mano un libro y buscar espacios en los que nos sentemos a escribir, reflexionar, meditar leer u orar sin la estimulación del celular. 
Son solo algunas ideas, yo necesito seguir trabajando en el asunto… y seguir descubriendo mis inclinaciones y tentaciones en medio de una generación en la que nos cuestionamos muy poco nuestra vida en la red.

06 febrero, 2017

Regalos del sabático

para Abdiel

Uno de los regalos más preciados para mí en estos casi 6 meses en Vancouver ha sido descubrir y re-conocer a mi esposo. Hemos tenido tiempos muy especiales alreadedor de la mesa, en nuestras corridas, caminatas y en lo cotidiano de estudiar y llevar la casa juntos. Disfrutar la presencia el uno del otro, hacerle nuevas preguntas, escucharlo, re-conocernos y acompañarnos en este temporada ha sido un regalo hermoso. Algunos días tengo la certeza de conocerle y en otros me sorprende descubrir mejor su corazón, sus reacciones, su amor.

En Tijuana conocimos mucho de cada quien, hemos trabajado juntos, apoyándonos, hemos sido compañeros de misión, amigos, novios, esposos y amantes. Y cuando pienso en las personas que más han impacto e influenciado mi vida en los ultimos años, ha sido él. Y eso es todo un descubrimiento para mí como mujer, porque en ese proceso también ha sido el tiempo más clave para encontrar mi voz y ser una mujer más plena siguiendo a Jesús. Abdiel ha sido clave, en su impulso, ayuda y servicio para ser y hacer lo que Dios ha puesto en mi.

En Vancouver, con una agenda menos rápida, y con más espacios para ser nosotros he caído en cuenta de lo mucho que valoro y lo poco que he escrito sobre esto. Pero creo que es importante, porque tenerle cerca y estar con él ha sido de lo mejor de este tiempo. Sí he aprendido mucho en las clases y he disfrutado nuestros viajes, pero su compañía ha sido lo más valioso. En medio de mis estudios y del embarazo, su amor, servicio y su entrega a nosotrxs me dejar ver tanto de cómo es Dios. Y esto es el matrimonio, no es perfecto, pero nos da destellos de un amor profundo, sacrificial y apasionado. En este tiempo nos hemos re-encontrado con viejos sueños y hemos caminado juntos entre las tristezas, frustraciones, alegrías y sorpresas.

Mientras él escribe poesía, yo me encuentro articulando palabras que puedo dejar colgadas en este blog y nos permitan recordar el regalo que son las personas más cercanas a nuestra vida. Es pura gracia tener la compañía de Abdiel para caminar la vida, y es emocionante hacer frente a la maternidad y la paternidad a su lado, con la esperanza de compartir el amor que Dios nos ha permitido crecer. Yo espero seguir conociéndote y amándote cada día, ha sido un privilegio, pese a todo.

17 enero, 2017

Lo que veo en México desde Vancouver

Manifestación en Tijuana, 16 de enero, 2017


Hoy es un día más en el oeste de Vacouver, donde todo parece marchar con una calma comprada por el dinero, la eficiencia y la buena administración . La calma de esta ciudad es admirable, sabe esconder bien el tráfico de personas y la discriminación a las primeras naciones, pero no logra invisibilizar a sus homeless, ellxs pululan por la ciudad, como testimonio contra la ilusión de la opulencia y el progreso del primer mundo.

En esta ciudad, no puedo dejar de pensar en mi ciudad, en Baja California y en México. Desde hace años dejé a un lado la indiferencia generalizada y permití que un poco del caos, la desesperación y la violencia entraran en mi vida, para ser alguien que conoce, aunque sea un poquito, la experiencia de la gente en las calles de mi ciudad y del país que habitamos. Aún estando en Canadá, leer las noticias, informarme y pensar es una obligación-invitación impuesta por mi fe en un Dios hecho humano. Mis opiniones, preocupaciones y tendencias no llevan el sello del mainstream evangélico mexicano, porque a mi me importa lo que pasa aquí y ahora, y porque estoy comprometida con la tranformación de corazones pero también de las estructuras sociales que oprimen a las personas.

Creo en un Dios que está interesado en todas las dimensiones de la vida, aun en las más mundanas y complejas, pasando por la política, la familia, los negocíos, el arte, la universidad, la cultura… Y sí queremos escucharle, tiene mucho que decirnos en contra de la corrupción, la injusticia, la pasividad de sus seguidores, el conformismo, la exclusión y la acumulación de las riquezas. Si le empezaramos a escuchar en nuestras iglesias y dejáramos que hiciera eco sus Palabras desde los púlpitos, escuchariamos menos sobre prosperidad, confort, machismos, personalismos y el mantenimiento del orden. Creo que si su Palabra habitara en medio nuestro seríamos más compasivos, escuchariamos mejor a quienes piensan diferente y tal vez dejaríamos de idolatrar nuestros edificios y amar más a nuestras comunidades.

México está despertando, es mi percepción desde afuera. La gente está harta, estamos hartos. ¿Y saben, hermanos y hermanas que me lean? Nosotros tenemos buenas noticias, pero esas necesitan compartirse mientras marchamos con la gente, cuando compartimos el pan con el migrante, cuando abrimos la casa al desconocido y mientras lloramos con las victimas de la violencia (la doméstica, la sexual, la del poder, la simbólica) y mientras guardamos silencio y aprendemos a escuchar. Las noticias del Evangelio de Jesús son las mejores noticias que el mundo puede escuchar, pero requiere estar encarnadas y envueltas en el amor de quien nos la trajo. Las noticias que somos llamados a compartir no son para obtener un boleto al cielo, sino para reconocer el Reino de Dios aquí y ahora, que será consumado en este tierra, por obra de Dios en el futuro. Las noticias son de paz, de justicia, de reconcialiación, de vida, de perdón, de esperanza y de amor, traídas por un Dios que no se impone, sino que se sacrifica y que nos muestra el ser Dios en la forma más tierna, poderosa (no bélica, violenta ni patriarcal) y bondadosa. Estas noticias necesitan ser re-descubiertas por nosotros y compartidas con aquellos que tienen sed de cambios, de paz, de justicia, con quienes lloran, con los que están hartos y cansados y sin esperanza. Las noticias son para ellxs y para nosotrxs.

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